lunes, 29 de abril de 2019

ESPAÑA TRAS LOS NÚMEROS







El domingo 28 de abril (28A) se llevaron a cabo elecciones generales en España y su resultado puede convertirse en el impulso que saque a este país del marasmo político. Pedro Sánchez, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ganó con claridad y seguirá siendo presidente, sólo que ahora con el respaldo político que otorga el peso de las urnas. La derecha en todas sus vertientes apostó por la polarización política y perdió.

Al cierre de este material, y con el 99,9 por ciento de total de votos escrutado, el PSOE tiene poco más de 7 millones 480 mil votos, lo que representa el 28,7 % de la totalidad. Le sigue el Partido Popular (PP) con 16,7%; luego Ciudadanos con 15,9%; Unidas Podemos 14,3%; el ultraderechista Vox con 10,3% y el resto 10,1% se reparte entre distintas entidades. Cabe destacar que la participación de la población en la jornada fue bastante alta (75,75% ).

En términos esquemáticos de interpretación política, la elección reflejaba la diputa entre derecha (tres partidos PP, Ciudadanos y Vox) y la izquierda, representada por PSOE, Unidas Podemos e Izquierda Unida. Alrededor o en medio del espectro político se encontraban entidades u organizaciones nacionalistas y también secesionistas.

La votación fue la culminación de un proceso preelectoral caracterizado por los insultos, la propaganda incendiaria, las descalificaciones de todo tipo y la falta de claridad en los programas. Los relatos privilegiaron la exaltación de los sentimientos, el fomento al odio y el resentimiento. Principalmente la derecha que optó por incendiar la arena política propagando el miedo a la presunta “rotura” de España.

Quizá fue el voto del miedo a los extremos lo que provocó una avalancha de votos al PSOE y su candidato Pedro Sánchez. A fin de cuentas, durante los últimos meses Sánchez ha gobernado España en condiciones desfavorables. Ahora tiene el respaldo de los votos y un número importantes de escaños (123), aunque no suficientes para evitar los pactos políticos.

En el actual escenario y tomando en cuenta las primeras reacciones de los contendientes, pareciera lógico que los partidos de izquierda pudieran ponerse de acuerdo para formar gobierno, una especie de vertiente portuguesa. Sin embargo, el “cainismo político” es una gran tradición en la izquierda.

Por el momento las elecciones del 28A dejan algunas lecciones. Se pidió el voto y la gente respondió rechazando las opciones más polarizantes e intransigentes. La extrema derecha salió del clóset y ahora, al igual que en otras partes de Europa, entró en el Congreso (24 escaños).

En este contexto, estas elecciones pueden representar el fin de un ciclo de inestabilidad política constante en España. Se abre la posibilidad de que el diálogo y la negociación impulsen los cambios que se necesitan. La izquierda española tiene la oportunidad histórica de llevarlo a cabo. Los temas esenciales de justicia social, rescate y respeto al medio ambiente, igualdad de género, migración, entre otros, tienen que ser prioritarios. La votación masiva en España se pronunció por el diálogo.

Fotografía: Congreso en Madrid. Joaquín Pérez.

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